jueves, 2 de mayo de 2013

Nada pasa y a la vez todo.

A veces, llega un momento en la vida en el que te cansas de ser fuerte, te cansas de luchar por la sonrisa de cada día, que llegas a casa y te derrumbas por culpa de los tres gilipollas de siempre o simplemente por agobios. Pero te pones a llorar y no paras, lloras, lloras y lloras. Te animan pero es imposible. Lo que necesita es desahogarte, sola, en tu habitación. Y sigues llorando. No tienes ganas de hablar con nadie. Todo el mundo te dice lo mismo: "sonríe, no merece la pena" o "anda no llores, que si lloras tú loro yo" o "venga ya, en serio ? no te hagas la víctima chica." Pero sabéis qué ? Esa gente no sabe a lo que me enfrento cada día, no sabe si estoy bien o mal porque todos y cada uno de los días y, encima, estando mal, les hago sonreír. Que sí, esa gente no merece la pena porque realmente no me valora y no valoran lo que yo hago por ellos, pero en ese momento no me importa, en ese momento me da igual todo, lo que importa es desahogarme, llorar sin parar hasta deshidratarme. Solo eso. Que sí, hay gente que sí se preocupa, pero lo mejor con lo mal que estás pues no lo valoras tanto, y solo te das cuenta de las cosas malas. Llega un  momento en el que paras de llorar, y cuando lo haces, poco a poco, te vas dando cuenta de que hay gente que se preocupa por ti, por que estés magníficamente bien, te dan ánimos y que te quieren de verdad. Gracias a esas personas, lo creáis o no, puedo seguir adelante cada día. Aunque cueste, por ellos y gracias a ellos. Porque aunque seas muy fuerte, en la vida hay muchos baches y alguna que otra vez tendrás que caer. Si tenéis que llorar, llorad, porque llorar es de valientes y no pasa anda. Que los baches pasan porque son solo eso, baches, en los que nada pasa y a la vez todo.

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